El placer del sexo
El sexo...ese gran tema tabú que tanta controversia ha despertado desde el inicio de la historia y que tan mal se ha interpretado.
Creo firmemente que la razón por la que tanto se ha castrado el sexo en nuestras culturas patriarcales es porque encierra un gran poder, un poder divino.
La religión, dominada por el patriarcado, ha querido desde el inicio de lo tiempos controlar y manipular, sobretodo a la mujer, con el tema de la sexualidad.
Se nos dice desde pequeñitas que el sexo es sucio, que el sexo es pecado, que mejor casarse virgen o ir con el mínimo de hombres posibles antes de casarte porque tienes que ser pura y buena niña, y de lo contrario ya sabes, te tildarán de guarrilla, fresca, puta.
En cambio ellos es al contrario, si han estado con muchas mujeres se les pone el galardón de machotes, buenos amantes y experimentados machos alfa. ¿Acaso no somos iguales, hombres y mujeres? Ha llegado el momento de desmontar prejuicios y amarnos de igual a igual.
¿Cómo iba a ser pecado algo tan bueno y placentero? Neale Donald Walsh, en su libro Conversaciones con Dios 2, lo explica muy bien, cuando la voz que canaliza le dice: Dios os ha dado a sus hijos los humanos el sexo para que juguéis y os experimentéis. ¿Acaso dariáus a vuestros hijos un juguete si no quisieráis que jugasen con él?
El sexo es una de las formas de expresión humana más bellas que existen, un acto sublime, divino. Sin embargo es muy importante aprender a filtrar.
Merece la pena aclarar que el acto sexual implica un intercambio energético muy grande. De ahí que se dice en la Biblia «Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre».Es común, por ende, acabar sintiéndonos cansados y abrumados tras tener relaciones sexuales con personas de vibraciones más densas. Es por eso que es muy importante aprender a filtrar a esa persona con la que estoy compartiendo ese momento tan íntimo cuando estamos en el proceso de aprender a amarnos a nosotras mismas. No estamos aquí solo para procrear si no que uno de los objetivos claros del sexo debería ser el placer y el disfrute, tanto nuestro como de la pareja. Entonces, entreguémonos al sexo de una forma libre, amorosa, harmoniosa. Desde un compartir y experimentándonos uno con el otro. Pero sabiendonos merecedores de ese disfrute y placer que por derecho nos pertenece.
Liberémonos de creencias limitantes y de juicios negativos respecto al sexo, y sobretodo liberémonos de contratos inconscientes de dar sexo a cambio de cariño. Se acabó el tener sexo cn hombres que no se comprometen a cambio de mimos y cariños. Se acabó el tener sexo con hombres que no respetan a cambio de sentirnos valiosas por un momento. Yo soy valiosa y yo me respeto por mi misma sin la necesidad de que un hombre fuera lo haga. Es nuestro deber como mujeres amar y respetar nuestro cuerpo y nuestro ser, para sólo asi poder entregarnos a un sexo sano y amoroso, sin prejuicios, sin tabúes, buscando el propio placer y el de la pareja, como si fuese un juego.

Excelente artículo, gracias por escribirlo 🤗
ResponderEliminar